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Ruta del Oro

Ruta del Oro,
De Ouro Preto a Paraty.

Las dos ciudades que proporcionan conexiones aeroportuarias internacionales son Belo Horizonte y Rio de Janeiro. Se puede por lo tanto comenzar la Ruta del Oro desde BH hacia el sur o desde Rio hacia el norte, siendo que la primera alternativa es el camino que seguía el oro del Brasil Colonia hacia Lisboa y la segunda, el camino que seguían los esclavos traídos desde Africa para trabajar en las minas y en las haciendas de cafetales y de caña.

Este trayecto es desde Ouro Preto hasta San Juan del Rey el Camino Viejo, el que representó el momento de mayor esplendor para Paraty, puerto obligatorio de embarque de todas esas riquezas hacia tierras portuguesas. Desde San Juan del Rey hasta Rio de Janeiro tomamos el Camino Nuevo que supuso el inicio de la decadencia de Paraty pero así mismo significó el enriquecimiento de otra región, la Sierra de los Organos, que también es el mejor exponente del fin del Brasil colonial y el surgimiento del Imperio. Este recorrido comienza su historia en 1597 y pasa desde la exploración de la Mata Atlántica por los conquistadores y pioneros del Brasil indígena, al impulso del tráfico y comercio de bienes y personas en el Brasil Colonia con todo lo que eso conlleva en creación de infraestructura y por último, el surgimiento del Brasil imperial, una nación nueva con una mezcla riquísima en sus orígenes. Ni más ni menos que tres continentes convergen allí y aunque el Camino fue testigo de auténticas convulsiones sociales (conquista, colonia, independencia, abolición de la esclavitud), ninguna de ellas causó una revolución masiva. Hubo exponentes aislados de lucha, pero el carácter brasileño es afable y hedonista, el mejor del mundo para disfrutar de la belleza que nos rodea y no para complicarse con cambios sociales.

En Ouro Preto se puede intuir la riqueza que de allí salió porque una parte de ella también se quedó y contribuyó a la construcción de auténticas joyas barrocas. Con todas sus iglesias y las tallas creadas por el Aleijadinho fue declarada en 1980 Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. De sus minas sale una piedra única en el mundo, el topacio imperial. Solo se encuentra allí. La Ruta del Oro también es Camino del Diamante. Fue la capital de la capitanía de Minas y luego del estado cuando el país se independizó.

En nuestro recorrido no puede faltar la visita a Mariana que ya fue capital de la capitanía cuando ésta aún era de São Paulo e Minas de Ouro. Hoy nadie se atrevería a comparar esta ciudad de provincias con la metrópoli pero hace tres siglos se medían parejas por su riqueza. Justamente para poder apreciar la potencia de la industria minera en aquella época, nada mejor que penetrar en las entrañas de una de sus minas.

Seguimos hasta Tiradentes que tomó su nombre actual del héroe de la Conspiración Minera, la única tentativa seria de independencia y república que acabó con el héroe ejecutado, descuartizado y su memoria infamada. Eran otros tiempos. La ciudad, que ganó su nombre con la llegada de la república y la necesidad de idealizarla, es sin embargo otro representante auténtico del Brasil pionero y colonial barroco.

A partir de aquí la Ruta del Oro sigue hacia el Camino Nuevo que nos llevará a Teresóplis y Petrópolis. Si esta última debe su nombre al emperador Pedro I, Teresóplis lleva el nombre de la emperatriz Teresa Cristina, esposa de Pedro II. El área serrana fue escogida como residencia de verano de la corte imperial que dejó un importante legado arquitectónico, pero los primeros asentamientos fueron debidos a la necesidad de crear puestos de descanso en el trayecto del oro desde Minas a Rio. Actualmente sigue siendo lugar de preferencia de los cariocas en invierno cuando quieren sentir algo tan exótico como un poco de frio. Recibió en la mitad del siglo XVIII una importante inmigración alemana. Eso, el clima tropical de altura y la geografía montañosa hacen que uno se olvide solo a veces que está en Brasil. Pero con dar un paseo por la Sierra de los Organos, bañarse en sus ríos y cascadas y contemplar la fauna exuberante se vuelve a la realidad tropical.

Seguimos rumbo a Rio, la ciudad maravillosa. No se puede llegar allí pensando que se sabe todo de ella y con los destinos más turísticos y obvios ya planeados. Lo mejor de ella, sus gentes. Imprescindible, convertirse en un carioca aunque solo sea por unos días y vivir la vida como lo hacen ellos. Básico camiseta, bermudas y chanclas, beber zumo de açaí o agua de coco en la playa y acabar el día en un bar con una caña y pastel de gambas e intentar entrar en una conversación carioca. Uno puede perderse el Pan de Azúcar, el Cristo y el Maracaná, pero ir a Rio y ser un turista, debería de estar multado. En Rio solo se puede ser carioca. Si va al Maraca, asista a un partido. Si sube al Pan de Azúcar, hágalo andando y no olvide de llevar plátanos para dar a los micos. Y cuando suba al Cristo, no deje de perderse antes o después en el mayor parque natural urbano, la selva de Tijuca, un exponente grandioso de la Mata Atlántica. Y sobre todo, déjese tiempo para disfrutar una ciudad que pulsa a ritmo de samba.

La última parte del recorrido es hacia la Costa Verde, la Bahía de Isla Grande y en ella Paraty. La Carretera Real acababa en Paraty y desde allí el oro seguía por tierra hacia São Paulo y por mar hacia Rio y Lisboa. El camino nuevo se ideó para evitar el trayecto por mar desde Paraty a Rio y así evitar los ataques corsarios. Con esto, la ciudad fue perdiendo importancia y quedó aislada hasta que en 1980 se construyó la carretera que unía Rio a São Paulo y volvió a hacer de ella punto intermedio en el ir y venir de gentes. Su aislamiento fue en cierta medida su salvación ya que se encuentra especialmente bien preservada. Caminar por sus callejuelas, visitar sus playas y atreverse como los pioneros a subir por el Camino Viejo adentrándose por la Sierra de la Bocaína nos puede trasladar a otra época, la del europeo del siglo XVI sorprendido con esa naturaleza desmedida e incomparable. Un viaje al pasado con la Ruta del Oro.

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