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Ruta del Caucho

Ruta del Caucho,
De Manaus a Belém

Y mejor en este orden para aprovechar la corriente del río. Tal vez en este lugar habría que escribir río con mayúsculas. El gigante, el inmenso, el superlativo Amazonas. Le ofrecemos conocerlo con nuestra Ruta del Caucho. Cuesta tanto abarcar su tamaño con la imaginación, que con un nombre no era suficiente. Es conocido dependiendo del país por el que pasa, en total nueve, como Marañón, Ucayali, Solimoes y una serie de nombres indígenas. Todos hemos oído hablar de él en estos términos, pero hay que verlo para poder entender lo que significa. A pesar de ello, algunos datos que muestran que este río pertenece al mundo de los colosos. Es el mayor en caudal y longitud; supone una quinta parte del agua dulce del planeta, su caudal es mayor que el del Nilo, Mississippi y Yangtsé juntos, los tres grandes que le siguen . Puede tener un ancho de orilla a orilla de 10 Km en la estación seca y en la húmeda llegar a 48 Km. En algunos trechos su profundidad llega a 91 m con una oscilación de 15 metros según la época del año, lo que significa navegar por las copas de los árboles con un río desbordado o poder ver el margen definido. Deposita 3 millones de Toneladas de sedimento por día en su desembocadura, formando una de las mayores islas fluviales, Marajó, del tamaño de Dinamarca y cuya superficie queda en gran parte inundada según la época del año. Descarga de 34 a 121 millones de litros de agua por segundo en el océano cambiando la coloración del agua oceánica hasta 320 Km desde la boca del río.

La época húmeda se inicia en noviembre y acaba en junio, pero depende un poco de qué parte de la cuenca se trate. Aún así, como su clima corresponde al de selva tropical húmeda, también en la época seca puede llover por las noches. Y hace calor, siempre.

Su cuenca es naturalmente, como todo lo relativo al Amazonas, la mayor del mundo y se desborda en la estación húmeda.

Da igual la época del año, el río es impresionante siempre. Cuando está en su nivel más alto, pasear en canoa por la copa de los árboles y observar todos los animales allí subidos buscando un refugio un poco más seco. Cuando está en su nivel más bajo, es más fácil ver los delfines de río o las vacas marinas (en este caso fluviales).

El encuentro de las aguas es un fenómeno especial, inimaginable. Ya que el Amazonas tiene una densidad y alcalinidad diferente a la de sus afluentes, el agua no se mezcla inmediatamente si no que fluye paralelamente durante 230 Km en el caso de la confluencia del río Negro con el río Solimoes y es muy fácil de ver; el agua del Amazonas es marrón y la de sus afluentes es negra. Al juntarse, forman una línea completamente definida.

La única manera de aprovechar el río es lógicamente en barco. Se puede comenzar en Manaos, hospedándose en un eco- hotel de selva a orillas de un afluente del Amazonas cuya agua sea más ácida (esto disminuye en mucho la población de mosquitos). En canoa se recorren igarapés donde es muy fácil encontrar cocodrilos, delfines, perezas. Y los más atrevidos pueden dormir una noche al raso, en hamacas, guiados por un nativo lo que les permitirá adentrarse más aún en la selva y apreciar su riqueza exuberante en flora y fauna. Puede configurar la Ruta del Caucho a su gusto.

Manaos representa perfectamente la economía que surgió con la explotación del caucho. Es fácil de imaginar la riqueza que generó visitando el teatro de la ciudad. Y aún más fácil es apreciar su decadencia actual.

En barco se continúa el trayecto parando en Santarém y pasando algunos días en un poblado a orillas del Tapajós, un afluente del Amazonas, donde se repite el fenómeno del encuentro de aguas.

De nuevo en barco se llega a Belém, puerta de entrada de la Amazonia, en nuestro caso de salida. Compañeros en este viaje son la humedad del 80% y el calor. Y cuanto más al Norte, más calor, Belém linda con la línea del Ecuador.

Imperdible en esta ciudad es el mercado Ver-o-peso, la riqueza natural de la selva en una balanza. Zumos de todas las frutas amazónicas, frutos secos, artesanía, la exuberancia de la Amazonia en paquetitos para traerlos de vuelta a casa y de vez en cuando poder recordar el sabor de la selva.

De Belém a Marajó de nuevo en barco. El mayor grupo poblacional de la isla son los búfalos. Carne y queso deliciosos. Pero también genera una industria de curtidos importante. Así mismo, la cerámica marajoara es típica de la región.

En Marajó conviven en las zonas inundadas los búfalos con los guarás. Y se puede escuchar el bramido de la ‘pororoca’ (ola de río) o incluso subir una de sus olas con una tabla de surf. Las olas fluviales no son las más altas del mundo, pero con un longboard se puede penetrar el río aguas arriba durante casi una hora en la misma ola. El Amazonas es sin duda un coloso, sobre todo en su belleza desproporcionada. Deje que se lo presentemos con nuestra Ruta del Caucho.

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